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maelstrom

enero 25, 2007

alharaca 70×50 alharaca 70×50

Glosas en libros, de conceptos, en este caso supone un libro paralelo, que se escribe a la vez que se lee. La escritura es un modelo de estos conceptos, y la forma en que están escritos les da nombre. Relaciones entre modelos, entre las partes de la palabra semánticamente, y entre los símbolos para representarlos, e interpretarlos en determinados sistemas de transmisión. Diagrama de posibilidades de transmisión de conceptos. Medios de comunicación es la materialización actual. Caminos que puede seguir un concepto, ¿entán en función del concepto? O de las necesidades del emisor? ¿Hay conceptos que sean sólo posibles de transmitir en un medio exclusivo? Es decir, ¿hay algún concepto que no tenga modelo? ¿Que no tenga capacidad de ser transmitido? 

Si el concepto es el pensamiento expresado con palabras, piensa cómo se llama al pensamiento expresado con líneas.

alharaca zoom

Gracias, Egon

enero 24, 2007

canãula 90×90 canícula 90×90

La importancia del idioma alemán está directamente relacionada con las comunidades que lo hablan en este planeta. Su  principal origen es Centro Europa, precisamente donde estas comunidades destacan en su desarrollo económico y cultural; y ya es bastante común encontrar en la red gran cantidad de referencias en este idioma, en lo que nos atañe, arquitectónicas, bien sea en cuanto a construcción, diseño, artes o turismo. Lo que nos hace pensar, que, como el inglés –otro idioma germánico, pero mucho menos sofisticado y lleno de matices espacio-temporales por la pobreza de su gramática (a algunos esto les anima a pensar que es, precisamente por eso, un idioma más desarrollado, más eficiente, “con menos palabras dices más”, en fin, más económicamente de acuerdo con el siglo XXI, cuestión en la que yo no me atrevo a meterme por ahora) – el alemán es una gran potencia de información y conocimiento.

canicula 90×90 zoom

El pincho de media mañana

enero 23, 2007

 

 La pesqua 50×50La pesqua 50×50

 

Antes de ayer vino un amigo a casa a tomar un café o una copa, no sabemos bien, y mientras le dábamos los primeros sorbitos, que se te encoge el cuerpo y el gusto, suena el timbre de la puerta.

Raro, porque por la mañana no suele llamar nadie si no se acompaña de unos golpecitos y de un sonido de llaves –ése sería otro amigo-. Me acerco a la puerta preguntando quién es y acercando el ojo a la mirilla –Policía, abra la puerta. Efectivamente era la policía, pero pregunto exclamando – La policía?!  Me dicen que sí y abro la puerta casi entera asustadísimo. Acto seguido la vuelvo a cerrar diciendo –Un momento, un momento, que me he equivocado – a la que pongo la cadena en su sitio que de nada hubiese servido ya si realmente no fuese la policía, -Enséñeme su placa de cerca que no la he visto, y mientras lo hace veo por la rejandija de la puerta los tres policías altos y fuertes, con caras normales y ridículamente encajados en el descansillo de las escalera, dispuestos a tomarse una rodajita de salchichón con una cerveza si yo mismo se la ofreciese, cual fontanero servicial y agradecido. Total, que en esto que me estoy ablandando, van y  me preguntan -¿Aurelie de la Croix? – No, es aquí abajo.

 

(Basado en hechos reales. La verdadera identidad de las personas que aparecen en este relato ha sido reemplazada por otra ficticia, por seguridad para el cuerpo y los imputados)

la pesqua zoom

…de los rasgos primitivos de la creación contemporánea.

enero 19, 2007

la siembra la siembra 50×50

“Las primeras vanguardias, las de principios del siglo XX, en su afán por romper con las convenciones que atenazaban la creación artística anterior, buscaron el arte primitivo aquellos rasgos originales que pudieran orientar una renovación. Ese intento de partir otra vez desde cero, sirvió, paradójicamente, para dar un salto hacia delante. No hay una sola vanguardia clásica, salvo el futurismo, que no recupere o se interese por rasgos de la creación de culturas llamadas primitivas. Una de las consecuencias de mirar hacia atrás fue darse cuenta de la arbitrariedad de la separación nítida entre arte y artesanía, o de forma más general, entre alta y baja cultura. En otra dirección, la búsqueda del origen condujo a la valoración de rasgos expresivos que desde hace mucho habían sido sustituidos por la destreza y academicismo de las composiciones.

Texto de José María Parreño a cerca de la exposición de Ignacio Basallo en el CGAG en 2003, publicado en “La revista del CGAG” nº 5.

Desequilibrios

enero 17, 2007

bodegon 1 50x50 cm

Me resulta inevitable pensar antes en las partes a partir de las necesidades de un todo. Transformar un objeto, ya sea estático o dinámico, dividiéndolo en una sucesión de herramientas. Es una sucesión porque todo es identificado con unas funciones. Se establecen unos tiempos marcados por acciones que al igual que conforman la experiencia de su propia percepción, establecen las bases de su concepción. El resultado es un par de experiencias paralelas basadas en la huella de cada instante. La representación está basada en preguntas referidas directamente a verbos, por un lado, y por otro en lo estático. Lo estático es estructural. La construcción es la reflexión sobre la estructura. Es un ejercicio inteligente de la composición de elementos materiales mediante herramientas. Y a su vez estas herramientas tienen nombre de verbo.

“Hay verbos que no existen, y sin embargo los usamos como herramienta. Estos se encuentran en el mundo de los inmateriales.

pera

Buena puntería

enero 16, 2007

botijo roto

Mi nombre es Walter Waugh Weill. Nací el 3 de Agosto de 1806 en Lipton Village, Norteamérica, y allí crecí y fui a la escuela. Allí conocí al que siempre fue mi mejor amigo Marton Heith, y con él aprendí el oficio de zapatero; no había en todo Lipton Village un solo par de zapatos que no hubiese pasado por nuestras manos. Y allí fue donde vi por primera vez a Dorothy Darmstadt. Dorothy Darmstadt es la mujer más bella que jamás ha pisado Lipton Village con unos zapatos que no hayan pasado por las manos de Marton Heith y yo.

Para ella nada era lo suficientemente importante como para no devorar el calcetín de Marton Heith de una vez por todas. Y yo, como en ocasiones parecidas, estaba dispuesto a volarme la tapa de los sesos por una sola mirada suya. Y así fue como como el 3 de Agosto de 1856 contraje matrimonio con Dorothy Darmstadt aquí, en Lipton Village. Empecé llamándola Dorothy, aunque ella dijo que prefería Darmstadt, y así es como acabé llamándola Dorothy Darmstadt.

BOTIJO 1

enero 5, 2007

De la mutilación a la autosuficiencia

Por Montera rondaba en aquella época un tipo que siempre gastaba una camiseta de tirantes de baloncesto, incluso en invierno, que salía todos los Jueves por la mañana en busca de compañía. Le vi por primera vez una mañana a principios del invierno. El sol estaba lo más alto que podía y producía bellas sombras alargadas de señales, árboles y farolas con curvas femeninas y brazos que se estiraban hacia los paseantes. A esas horas por Madrid o vas a tomar café en el descanso del trabajo, o haces la compra con chato porque tienes sesenta y pico, o no haces nada, como yo. Márquez estaba debajo de Montera casi en la Plaza del Carmen con tres siluetas. Sólo podía pensar en cómo cojones se había puesto el morral cruzado desde un hombro al otro costado, y agachó la cabeza mientras las tres se reían. Una de ellas se conmovió por su mohín, le puso el dorso de la mano en el costado, donde faltaba el brazo, y él no se rascó la cabeza con el otro porque también faltaba. Márquez me contó que dejaba al descubierto las cuencas de sus hombros para tener sensaciones distintas de los calambres que le producían sus amputaciones. Y se lo llevó calle abajo, girando a la derecha los perdí. Después de esto volví a casa, saludé al gato, y sentí debía pintar algo relacionado con Márquez. Le dibujé enorme y le corté la cabeza también con el lienzo de manera que su camiseta verde de baloncesto fuera lo único que se viese, y las cuencas de sus hombros rozando el límite del cuadro. El límite dejaba de existir por la parte superior e inferior, su cabeza y sus piernas también cortadas continuaban más allá, hasta es suelo y uno ochenta. Pero la atención se desviaba a la continuidad de la línea de contorno que rodeaba su cuello, los hombros, se duplicaba al separarse del tirante de la camiseta y contornear sus brevérrimos muñones para agruparse de nuevo rodeando el tronco. Descubrí que realmente la línea más importante del cuadro era la camiseta, un contorno cerrado. Cuando se produce un monólogo sobre el lienzo producir un marco desencadena un argumento claro para el observador, y se establece una conversación. El cuerpo mutilado quiso contestar a la camiseta y remarcó las torpes protuberancias de sus hombros, luchó por la verdad del cuerpo que estaba debajo intentando resaltar las ondulaciones de sus cartílagos costales, sus maltrechas clavículas y lo poco que quedaba de sus pectorales. Márquez estaba en la calle por las mañanas y podía desviar su atención, contarse historias con la gente que veía, estaba al lado de sol. Siempre está abarrotado, te puedes sentir seguro porque la gente va rápido a esas horas entre semana. Sol es un barrio oscuro porque cuesta levantar la vista y hablarse a uno mismo de tantas maneras. Además, se mezcla la gente que va de paso con los que viven y trabajan ahí y se perciben ritmos distintos en una aberrante sinfonía de sentimientos. No fuma solo, y no puede masturbarse. No lleva anillo. Bebe y come con pajita, y paga señalando con la nariz el morralito que lleva siempre cruzado y que abren y cierran la panadera, el frutero, el ferretero, el del bar y la puta, menos él. Le encendí un cigarrillo y me contó que con lo que le daban de pensión vivía, y aún le daba para subir a alguna de estas a casa porque se fiaban de que él no les iba a dar de hostias ni nada de eso.
-Se turnan para subir conmigo, les gusto, y yo las voy enseñando poco a poco y cada vez tengo un rebaño más educado. Huéleme el hombro.
Me quedé pensando en lo que me había dicho y me imaginé a la asistente social preparándole el desayuno por la mañana. Dibujé un botijo gigantesco encima de la camiseta y la lucha de las líneas desapareció. Empecé de nuevo con un objeto que es en sí mismo un símbolo de la autosuficiencia.

gorda

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